A veces cocino

Posted on | 9.11.10 | No Comments

Receta para obtener o ser un escritor provocador o de onda (o vergón)

Ingredientes:


-Altas cantidades de ego.

-Dependiendo del resultado deseado, puede agregar grandes dosis de cerebro o ninguna, a su gusto.

-Prescindir de sentimiento, no funciona, es cursi.

-Aparentar ser muy único y 'especial' sintiendo hambre de aprobacion en el interior.

-Creer que todos excepto uno son idiotas.



Procedimiento:

-Se mezclan todos los ingedientes.

-Tomar una hoja de papel o el procesador de textos.

-Agregar frases ya hechas y retorcerlas.

-Espolvorear un dejo de amor - odio (artificial, recordemos que el sentimiento no hace que quede bien).

-Unas cuantas gotas de misterio con frases crípticas (es importante lograr el aspecto de que uno se basta a si mismo para comprenderse, a pesar de publicar textos en un espacio público y esperar comentarios).

-Chispas del nombre de alguna droga (hay que mostrar al mundo que uno es rudo y tiene una vida de excesos).

-Decorar con el nombre de algun medicamento controlado o palabras altisonantes como puta ó mierda.

-Incluir sustantivos o adjetivos sexuales si lo quiere mas esponjado.

-Untar un poco de algun nombre de personaje conocido y de preferencia muerto, para evitar demandas (Wikipedia es un gran mercado de esta mermelada).



Servir y dejar en un lugar público, renegando de quienes al pasar, le tomen un pedazo, le den una mordida o lo escupan.



Listo! Disfrute :D



PD: Gracias al Sr. Gamero por recomendarlo. Dice que es de la Santa, una mexicana.

En pleno siglo XXI y bordeando los treinta:

Posted on | 3.3.09 | 8 Comments


"Y así como Ella, que todavía es una señorita, ¿puede usar tampones?"

A mi madre no le gusta el blog de Diego Boquín*

Posted on | 25.2.09 | 8 Comments

Mi madre entra cuando la plancha ya ha derretido la mitad de la cara del conejito. Mi risa apenas se mira entre las mejillas hinchadas por la cirugía –me quitaron las cordales-.
-¿Qué le hacen al conejito?- me pregunta inquieta.
No le contesto, solo me tapo la boca para intentar detener la risa. Me duele.
Una lámpara comienza a derretir otro conejo.
-¡Majo, ¿por qué le hacen eso al conejito?!
Me río, ignorando el dolor en mis mejillas y mandíbula, cuando se le cae la cabecita.
Luego, la secadora de pelo. Mi carcajeo es más fuerte y el dolor directamente proporcional.
- ¡María José, ¿qué es eso?!
¡Es que no sé, ma, no sé, pero están derritiendo conejitos y al último le volaron la cabeza con la secadora de pelo! No puedo contestarle, solo emito gemidos de dolor entre las risotadas.
Se acabó.
-Ay, no... sos una enferma.
Me sostengo la cara mientras dejo de reír, pero el dolor sigue ahí.
-¿Ya te tomastes la pastilla para el dolor?
¡MA, POR JESUCRISTO SUPER ESTRELLA! Suspiro como me enseño Chepe.
-No, creo que mejor me tomo dos. No aguanto. ¿Me preparás el agua en polvo?
-¿Ah?
-Nada...









*Blog de Diego Boquín

Entre llamadas

Posted on | 27.11.08 | 2 Comments

¡No puede ser, qué inepta! Ya llevás casi una hora en esa llamada. Le has explicado, mínimo, unas cinco veces a la señora que esto no es problema del Internet; es su computadora y eso no lo puede arreglar esta compañía. Y ¿todavía no capta? Bueno, le explicás otra vez. Dice que ya entendió y le aconsejás contactar a un técnico local o a su vendedor. ¿Que por qué? ¡Pero si se lo acabás de explicar! ¡PUTA! Lo peor es que hasta enojada te salió.

La ponés en espera porque después de una hora tu paciencia ya ni existe. Tirás los audífonos, le pegás al escritorio, a las paredes del cubículo y puteás a la vieja incompetente. Sentís un nudo en la garganta; es un grito desesperado, ahogado. Si estuvieras sola ya hubieras chillado, pero ahora no querés hacer el ridículo. Sí, definitivamente, a este tipo de personas hay que prohibirles estar cerca de una computadora.

Alvaro, sentado a tu izquierda, te mira y se ríe. Acaba de salir de otra igual. Montiel solo pasa, te masajea los hombros tres veces y te dice que te relajés. ¡¿Que te relajés?! Ojalá te pida supervisor para que le pasés la llamada. El Droopy te jode por la cara de mal trago que tenés y te dice que le digas que si en diez segundos no enciende, que corra porque le va explotar esa mierda. Ja, torpe. Meme dice que le digás que el “chichín de la piruleta” se ha roto y tenés que mandar a un técnico para que revise el “matrix”. Increíblemente, le funcionó la vez pasada.

Ya te pasaste de los dos minutos en “hold”, pero que siga esperando la mujer. Que se quede ahí hasta que te calmés porque vos ya la esperaste una hora. De todas formas, la grabación nadie la va a oír por ser tan larga.

Pensás en el mundo exterior. Podrías estar estudiando historia, llevás seis de promedio; o leyendo uno de los seis libros que tenés en la mesa de noche, los que has dejado a medias; escribiendo; o estar en el taller de teatro con el Chepe y el Pablo; talvez un café con la Sopa; fumandote un cigarro; hacer la tarea de redacción; o encontrarle formas a las nubes... Cualquier cosa, carajo, pero no esto. ¿Y si mejor te vas a sentar, en la esquina de la UCA, a vender pulseras con Luis?...

Resgresás con la señora y le agradecés por su espera. Comienza a repetirte, por décima vez, el problema que entendiste a la primera y al que ya ofreciste una solución. Sí, señora, sí. Ella sigue. Bueno, o le comenzás a hablar fuerte o no salís de esta llamada. Le repetís que si su computadora no enciende, no quiere decir que no tenga Internet. Es más, no tiene nada que ver con el Internet, señora. Una computadora enciende con o sin Internet. Si su computadora no enciende, no lo podemos arreglar en esta compañía. Si su computadora no enciende, tiene que llamar o a un técnico local, a su vendedor, algún amigo, al vecino, un familiar, o a quien sea, para que se la arregle. Aquí no se puede. ¿Ya?

¡Al fin! Dice que ya entendió. Seguramente no, y va volver a llamar más tarde o mañana. Probablemente ni te caiga a vos la llamada de todas formas, pero te chinga las métricas. Ya, ¿qué importa? Antes de que vuelva preguntar, agredecés por llamar a esta compañía donde valoramos sus negocios. Buenas noches.

A saber en qué estabas pensando. Dijiste que solo iban a ser seis meses, mientras entrabas a la U. Mirate. Ya llevas un año tres meses en lo mismo y sin vacaciones. Ya se te volvió un tedio. Pero vamos, respirá profundo y contá hasta diez, o hasta cien si es necesario, que sin esto no comés ni estudiás.